La mirada atónita

de la sección del mismo nombre en el programa Punt de Llibre de Radio Barcelona
(Email: puntdellibre@cadenaser.com Contestador: 93.344.14.76)

domingo, diciembre 23, 2007

Libros inacabados

Leer es, sin duda, una de mis inconstancias más constantes. Voy y vengo a los libros y de los libros como un viento perdido por las calles de una gran ciudad.

A veces simultaneo tantas lecturas que me siento más como un guardia urbano regulando el tráfico que como lector.

A veces los marcapáginas (los punt de llibre) echan raíces en los libros que olvido que estoy leyendo... y otras veces echo yo raíces en los marcapáginas (o punt de llibre) porque uno necesita tener un lugar dónde refugiarse.

A veces dejo sin terminar libros porque otros con la falda más corta llaman a mi puerta.

A veces dejo libros sin terminar porque sí, otras porque no y otras porque ni sí ni no sino todo lo contrario.

A veces a los libros hay que ponerlos a hervir y echarles sal para que se abran. A veces los abrimos cuando aún están verdes o, peor, cuando nosotros aún estamos verdes.

A veces un libro sin terminar es una herida abierta en la piel.

A veces es un mal menor y necesario.

Los libros que no termino son carreteras cortadas.

¿Sueñan los libros sin terminar con ojos humanos?

Elogio de la modernidad

No somos nada modernos en este programa. ¿Cómo se puede estar hablando de libros, ciencia y tecnología en plena Navidad? Si realmente fuéramos modernos estaríamos haciendo cola, con el resto de los modernos, en unos de esos grandes almacenes “coloraos” de cachibaches electrónicos.

Reconozcamos que el libro está en peligro de extinción, amigos y amigas. Si tú regalas un libro a un niño lo primero que te va a preguntar es por dónde se ponen las pilas... y lo segundo que dónde está el botón de play.

Ya no se lleva el papel. Si hasta las invitaciones de boda te las dan en un USB. Que la pobre tía Antonia se ha pintado ya tres veces los labios con él por error.

Y si esto fuera poco, ahora sale un aparato para leer, que es como una Game Boy pero para intelectuales. La verdad es que el chisme tiene buena pinta, almacena hasta doscientos volumenes y apenas ocupa lo que la pasta de un libro convencional. Sí, sí, tanto volumen en tan poco idem... Sting tiene que estar encantado porque con esto salvamos al Amazonas, al Orinoco y hasta replantamos de pinos el desierto de Almería. Eso sí, el aparato cuesta unos cuatrocientos euracos y cada texto descargado de su librería unos 10... Mmmm, bueno vale, piratones, dejémoslo en cuatrocientos. También se puede acceder a periódicos y blogs mediante suscripción. ¿Estará lamiradaatonita.blogspot.com? Repetimos, ¿estará la mirada atónita (todo seguido y sin tilde) punto blogspot punto com? Habrá que investigarlo.

Pues sí, si fuéramos modernos ya habríamos encargado el juguetito en cuestión, pero es que no lo somos... aunque... ya puestos... yo propongo ser más modernos que los propios modernos e ir un paso más allá. ¿Para qué perder el tiempo leyendo si lo que de verdad importa es haber leído? Si los guapos y las guapas se pueden inyectar botox ¿por qué no inventa alguien, también, el libro inyectable? Deberíamos poder ponernos las novelas como quien se pone unas tetas de silicona o unos labios morcilleros. Nosotros en vez de para estar más sexys para estar más leídos. Definitivamente “El libro inyectable” es el futuro... claro que... pensándolo bien... a ver quién es el valiente que se mete así “Los pilares de la tierra”... porque el jeringón tiene que ser de aúpa.

Existen, de todos modos, otras fórmulas para ser modernos... Podríamos, por ejemplo, perforarnos alguna parte visible del cuerpo, como los jóvenes que atienden en los grandes almacenes “coloraos” que mientras te explican lo estupenda que es tal impresora estás viendo la sección de teléfonos móviles a través de su oreja. Quieras que no es tiempo que ahorras... Aunque con lo mal que pronuncio yo las equis no me quiero ni imaginar haciendo la sección con una cosa de metal atravesándome la lengua... Y no quiero chistes.

Nada, creo que prefiero seguir siendo un carrinclón, si es que el término existe, leer libros de papel de toda la vida y no hacerme perforaciones ni modificaciones corporales del tipo de meterse bolas de teflón en los brazos. ¡El teflón en las sartenes y los libros en papel!¡Vive la France!

Y ahora, como no sé muy bien como terminar, unos minutos musicales navideños en Euskera, que siempre viste mucho:

miércoles, diciembre 12, 2007

Marchando otra de chorizos

Ya dijo Jardiel Poncela que “los ladrones somos gente honrada” y por lo tanto cumplimos con nuestra palabra. Así que hoy, tal y como anunciamos la semana pasada: - Marchaaaando otraa de chorizooooos

Sí, sí, chorizos en plural que no es que nos vayamos de pinchos... es que hablamos otra vez de robar libros... ¿Por qué? Pues porque nos quedaron algunas curiosidades en el tintero y porque nos viene en gana, que es un motivo más que legítimo, oiga.

Por ejemplo: ¿A que no saben qué libro tiene el record de ser el más robado? Pues “dicen” que, precisamente, el libro Guiness de los records. Y recalco lo de “dicen” porque con lo tochaco que es no me veo yo al choricillo de turno sacándolo de “estrangis” del Carrefour entre las cajas de leche. Vamos, que esta información tiene menos credibilidad que Carod Rovira jurando bandera. A no ser que sea el libro más robado por David Copperfield que es un señor con apellido de purito, capaz de hacer desaparecer la estatua de la libertad.

Bueno, pues ni David Copperfield ni el Dioni con su furgón serían capaces de robar los casi 4000 libros que le robó Chile a Perú en la Guerra del Pacífico y que le ha devuelto hace poquito en lo que han llamado “un gesto de paz”... Sí, sí, gesto de paz... ¿no será que se los devuelven porque ya se los han leído todos? Desde luego tiempo han tenido en ciento y pico de años...

Internet tampoco se libra del temita, y no solo porque más de un impaciente, de esos que se comen las uñas hasta los codos, se haya descargado transcripciones chichinábicas de las novelas sobre Harry Potter antes de que a los traductores de la edición española les diera tiempo a leer ni siquiera el título. También porque la red está llena de decálogos y manuales del buen ladrón de libros. -Lógico- Argumentará más de uno- Si Internet es la madre de todos los males. Pues no señor, que lo de la sustracción de objetos es más viejo que el meneillo de ojos de Marujita Díaz. Y si no que se lo digan al portugués anónimo que en el siglo XVII escribió “El arte de hurtar” con capítulos de título tan ilustrativo del estilo de "Cómo se hurta haciendo merced y vendiendo misericordia" o "Cómo se puede hurtar al Rey veinte mil cruzados a título de servirle".

Pero de entre todos los que roban, los más fascinantes son esos que no roban el objeto sino su esencia. Esos que van a determinadas grandes superficies de nombre impronunciable, eligen el libro que más les gusta, se apalancan en los sofás que hay junto a las estanterías y se lo leen allí mismo por su cara bonita... Ah, y si no les da tiempo, hacen una marquita en la página por la que van, devuelven el libro a su lugar de origen y al día siguiente retoman la lectura. Que ya se puede gastar la empresa en cuestión todo el dinero que quiera en alarmas, que estos pajaruelos se lo llevan escondido en un sitio que no pita... ¡en el cerebro!

domingo, diciembre 02, 2007

Arroba todo lo que puedas punto com

Decía Torrente Ballester en un anuncio de Hacienda que España es un país de pícaros. Pues no le faltaba razón al buen señor, visto lo visto, pero me temo que en todas partes cuecen habas y que lo del choriceo no entiende de nacionalidades. Porque hasta en Suiza roban cosas. ¿Quién lo hubiera dicho? Suiza, tan llena de bancos y de casitas de chocolate... ¿Qué pasa? Nunca he estado en Suiza, así que me la imagino como quiera. Pues sí, lo que ocurre es que, como supongo que allí robar un banco tiene menos emoción que un partido del Athletic, la gente roba libros.

Bueno, igual exagero un poco generalizando, será que se me está pegando el estilo de los diarios gratuitos. El caso es que un señor ha robado un libro. Ya sé que teniendo en cuenta lo que roban algunos aquí parece una minucia y que en Suiza hay noticias mucho más trascendentes, como que los rebaños dejan las praderas alpinas y vuelven a sus casas, pero es que se trata de una historia curiosa. Resulta que el objeto sustraído formaba parte de una obra en una exposición de arte moderno. Los autores pretendían criticar el pirateo de libros por internet y para ello introdujeron en una incubadora un ejemplar del ensayo titulado “Robe este libro”.

Lo que todavía nadie sabe es si el que se lo llevó es un vulgar mangante un tipo extremadamente obediente. Sea lo que fuere, a los artistas les ha chafado el invento. Si yo fuera ellos (dios me libre) pondría en el lugar del tomo enajenado otro que se titulase “Arráncate las uñas de cuajo con la cáscara de una pipa salada” por si es verdad eso de que los delincuentes siempre vuelven a la escena del crimen.

Pero lo peor del caso no es que un señor haya robado el libro. Lo verdaderamente peligroso es que lo lea, porque resulta que “Robe este libro” es una obra escrita por Abbey Hoffman en 1970 en la que entre otras cosas se enseña a robar tarjetas de crédito, conseguir armas o fabricar pequeños explosivos... Ya me veo yo al suizo zumbado que se lo ha llevado atentando contra la cabaña de Heidi.

Fíjense si seremos brutos los seres humanos, que cuando se publicó el texto en el año 71, muchos libreros decidieron retirarlo de las tiendas porque más de uno se tomaba el título al pie de la letra. Qué razón tenía aquel que dijo lo de que el sentido común es el menos común de los sentidos.

Otro consejo que desde aquí quiero regalar a los desolados artistas a los que este insensato ha desmontado la obra, es que la próxima vez se curen en salud y rodeen su creación de maldiciones medievales del tipo:

“Cualquiera que robe este libro
Será colgado en una horca en París,
Y si no es colgado será ahogado.
Y si no se ahoga, será quemado,
Y si no es quemado, un fin peor le caerá.”

Aunque bien pensado seguro que entonces algún gorilón se lo lleva y encima se entrega para poder viajar gratis a la capital francesa. Así que mejor la cambiamos por esta otra que da mucho más miedo:

“Hay excomunión reservada a su Santidad contra cualesquiera personas que quitaren, distrajeren, o de otro cualquier modo enajenaren algún libro, pergamino o papel de esta Biblioteca, sin que puedan ser absueltos hasta que esta esté perfectamente reintegrada.”

¡Con la iglesia hemos topado! En fin, no les robo más tiempo, la semana que viene seguiremos hablando del tema.