La mirada atónita

de la sección del mismo nombre en el programa Punt de Llibre de Radio Barcelona
(Email: puntdellibre@cadenaser.com Contestador: 93.344.14.76)

lunes, junio 22, 2009

País de ceniza

Solo la palabra se detiene
Abierta su carne por la herida
Que palpita en el suelo
De un país de ceniza.

Los muertos tienen nombre durante unos días
Después se convierten en cifras
Y la palabra engrana otra vez los pasos
¡Qué bien lo saben los que ordenan los disparos!

Yo grito a mi país de ceniza
Que renazca la brasa con el viento de los nombres
Que no se desplome la palabra
Que arda su tizón hasta los huesos
Como arden los huesos de los asesinados.

Grito al silencio de los muertos
Y reprocho al templado su templanza
No hay lugar para más ceniza
Es la hora de la palabra en llamas.

(Nota: Este texto no tiene ninguna relación con el programa Punt de llibre)

jueves, mayo 07, 2009

Chokocrispis

Un día cualquiera, no sé qué hora era, me tumbé en el sofá sin saber por qué y me puse a ver un informativo de esos que después de una noticia sobre economía ponen una sobre ballenas si es día par o una sobre guerras de robots si es día impar.
Desde que tuve aquel grave incidente con los calçots, que les contaré en otra ocasión y franja horaria, solo como chocokrispis, y como ver la tele sin zampar es más triste que una cosa muy triste, que diría Flipy, pues allí estaba yo masticando cereales sin remojar a mandíbula batiente.

Entonces entrevistaron a un muchacho que participaba en un congreso de futuros ingenieros y le preguntaron sobre la desigual aceptación de las ciencias y las letras entre la chavalería. El chico respondió algo parecido a lo siguiente:

- Yo siempre digo que la ingeniería se ocupa del futuro y las letras del pasado. Por eso la ciencia es más importante.

Que me perdone el joven si la cita no es textual. Mi memoria es de todo menos buena. ¿Verdad, señora directora?

El caso es que los chocokrispis se me atragantaron como a Bush se le atragantaban las galletitas saladas, y a través del poco espacio que quedaba en mi glotis emití un sonoro “Nooooooooorl, cobardeee”.

Primero: No se puede saber a dónde vamos desconociendo de dónde venimos.

Segundo: Ciencias y letras se necesitan y alimentan. Si los avances de la ciencia no se pueden comunicar de manera comprensible ¿de qué sirven? Si no hay literatos que imaginen el futuro ¿habrá futuro?

Tercero: Este es mi piso, yo me bajo aquí.

Supongo que la misma reflexión que hizo en su momento aquel ingeniero en ciernes es la que han hecho los responsables de que el año que viene desaparezcan algunas filologías de la facultad de letras de Vitoria – Gasteiz. Son pocos los alumnos, es verdad, y encima han cometido el delito de estudiar algo únicamente “porque les gusta”, sin importarles no llegar a hacerse ricos jamás con sus carreras. Bueno, pues para esos hippies malotes de letras va desde aquí toda mi solidaridad.

Por cierto, que me he enterado que ahora con el plan Bolonia ese, la carrera de filología hispánica va a pasar a llamarse “estudios hispánicos”. Estimados supersabios ¿implica eso que vamos a cambiar la asignatura de sociolingüística por una sobre la cabra? ¿Aprenderemos los movimientos de las sevillanas en vez de literatura medieval? ¿Nos enseñarán a hacer migas con chorizo en vez de a analizar sonogramas? ¿El plan bolonia es obra del mismo señor que el plan E, el plan 9 del espacio exterior y el plan Special K?

En fin, me voy a hacer un puré de chokocrispis que ya no me atrevo a comerlos a puñados porque con tanta noticia rara no gano para sobresaltos.

miércoles, abril 15, 2009

Está la cosa negra

La novela negra está de moda. Qué cosa las modas. Son un misterio insondable como el universo. Lo mismo se pone de moda comer pescado crudo, que tatuarse espirales al final de la rabadilla, que llevar colgando de la muñeca un cacho de madera barata al que llamamos chinito de la suerte. ¿A que no se acordaban? Todos tenemos un pasado, amigos…

Bueno, pues ahora resulta que lo que está de moda es la novela negra. Pero no una novela negra cualquiera tolón, tolón. Dicen que están de moda los nórdicos, que deben de ser escritores gorditos con plumas y muy calentitos.

También están de moda los detectives latinos… no, no piensen en Bisbal con una lupa que la cosa no va por ahí.

El detective latino de moda es un experto gastrónomo que lo mismo te resuelve un crimen que te prepara un gratén de ostras con trufas sobre lecho de puerros confitados acompañado con risotto salvaje a los cuatro champiñones y salsa de vino tinto con tamarindo.

Cómo han cambiado las cosas desde aquellos personajes creados por Dashiell Hammet o Raymond Chandler a los que nunca se les acababan las balas ni la bebida de los vasos, y a los que siempre acababa poniendo rostro Humphrey Bogart, el actor que de pequeño se cayó en la marmita del almidón.

Pero bueno, no nos vayamos por los cerros de Baker Street. Veníamos concluyendo que la novela negra está de moda, sí, y puede ocurrir, que a usted querido/a oyente, la novela negra no le guste un pijo; Pero puede ocurrir también que un día le inviten a una recepción en casa del embajador, y puede ocurrir, que el embajador sea un adicto a la novela negra y que entre Ferrero Rocher y Ferrero Rocher le dé por hablar de literatura y lo que es peor, puede ocurrir que el embajador se dirija a usted para pedirle su opinión. Pues no se alarme querido/ a oyente porque pensando en usted y en nadie más que usted hemos ideado este fantástico curso titulado: Cómo hacer ver que uno sabe de novela negra contemporánea sin tener ni pajolera idea de lo que está hablando.

Lección primera:

Supongamos que el embajador menciona a Henning Mankel, entonces, con una mueca de ironía templada en su boca debe usted respoder lo siguiente: “Ja, para que luego nos vendan la moto de que en las sociedades escandinavas no pasan cosas raras. Ahí como en todas partes.” Con esto habremos desviado la atención del tema perfectamente.
Si, por el contrario, el mencionado es Stieg Larsson basta con decir: “Estoy deseando leer el siguiente.” Cuidado porque cuando se edite el tercer volumen de la trilogía este argumento quedará obsoleto, entonces el recurso infalible será: “Pobre hombre, cómo hubiera disfrutado viendo el éxito de su obra, si es que no somos nadie.”

Puede que el embajador sea fan de Andrea Camilieri y su detective Montalbano. La frase en este caso es: “¿Sabía que le puso el nombre al detective en homenaje a Manuel Vázquez Montalbán?”. Si la respuesta es un sí seco y tajante puede usted tirarse al suelo y fingir un desmayo para salir del paso.

La autora mencionada también puede ser Sue Grafton, cuya característica más notoria es que todos los títulos comienzan por una letra del alfabeto, véase; A de adulterio, B de bestias, C de cadáver y así sucesivamente. Aquí, lo más socorrido es recurrir a la gracieta con sorpresa final, o sea, decir: ¿Qué? La última se titulará Zeta de Zasca ¿no? (El zasca a grito pelado en plan Berto Romero, obviamente).

En cambio si la autora de la que se habla es Donna Leon limítese usted a sonreír. Y sobre todo evite a toda costa preguntar si es hermana de Rosa León.

Bien, hasta aquí, por hoy nuestro curso de Cómo hacer ver que uno sabe de novela negra contemporánea sin tener ni pajolera idea de lo que está hablando.

En próximas lecciones aprenderemos a desviar la atención de una conversación sobre Alicia Giménez Bartlet hablando de los diálogos de Ana Belén en Zampo y yo. Hasta entonces.

viernes, marzo 06, 2009

Ligando en bares

Hoy en la Mirada atónita vamos a tratar, por fin, un tema de interés general. Hablamos de: ¡Cómo ligar en los bares!

Hay tres formas distintas: La clásica, la contemporánea y la vasca.

Para la vasca se requieren tres elementos: Dos individuos de sexo complementario y un bar de Benidorm. No tiene explicación racional, pero está científicamente demostrado que los euskaros somos incapaces de iniciar ningún ritual de apareamiento a menos que estemos en la ciudad de los rascacielos, y como con la crisis no nos da para ir a Nueva York, pues eso… Lo más triste es que en Benidorm un vasco no liga con nativas, y mucho menos con británicas o teutonas (que no son alemanas con mucho pecho)… Un vasco como Sabino Arana manda se lía en Benidorm con una de Basauri o de Arrigorriaga. Que por extraño que parezca es la misma que le daría calabazas una y otra vez de estar en el terruño, pero amigo, el Mediterraneo es mágico.

Para la forma clásica también se requieren tres elementos: Un hombre, un cubata y una barra de bar. Entre los ligones de barra clásicos encontramos dos tendencias o escuelas:

La caricatura de Faemino. Un tipo que sujeta el mundo con el codo, con más gomina que un concurso de imitadores de Travolta, y cuya frase favorita es “¡Ey nena, la de la pista, no tengo toda la noche!”. Evidentemente, este muchacho acabará pasando las vacaciones en Benidorm.

Y por otro lado la escuela arrantzale o pescador de bajura; que es ese que lanza las redes pelágicas del amor a todo aquello que se mueva y que no parezca un pezqueñín… Éste pobre ni en Benidorm.

Finalmente vamos con la forma de ligar que nos interesa: La contemporánea. Porque sí amigas, el metrosexual ha muerto, lo que se lleva ahora es el tío ingenioso que te hace reír pero que a la vez te hace reflexionar, aunque sea un proyecto de Papá Noel con su alopecia y su barriguita cervecera. Pero que nadie se asuste que ya sabemos que no se puede estar siempre brillante y menos después de tomar un par de copichuelas.

Por eso una compañía de Whisky pone a disposición de la concurrencia en toda fiesta que se precie minilibros de citas para impresionar al personal. Al parecer un tal Tommy Dewar, hijo del fundador de la compañía, creó una filosofía de vida a partir de la máxima “El sufrimiento no es la base del éxito”, frase muy propia del heredero del dueño de una empresa, por otra parte.

El caso es que con el librito en cuestión a modo de chuleta tú estás ahí, buscando la aproximación, que si estudias o trabajas, que si eres tan dulce que solo con mirarte se me pican las muelas, y de vez en cuando vas soltando una de las frases de mister Dewar: “Las mentes son como los paracaídas, funcionan sólo cuando se abren”, “Si llegas solo a la cima ¿quién tomará la foto?”... Esto ya de por sí es un puntazo, pero si las sabes hilar en la conversación entonces eres el rey del festejo… Por ejemplo, interrumpes tu discurso para darle un tiento al cubata y dice: “La pausa es una parte del camino”… O si te preguntan a qué te dedicas ya no hace falta que sueltes el rollo ese de soy escritor pero las editoriales no comprenden la complejidad de mi obra; se medio sincero y di: “A veces no hacer nada es hacer algo”. O si alguien te dice que va al baño di: “Camina hacia delante pero mira a tu alrededor”. Si la gente va un poco pedo serás un Dios, si no te tomarán como un zumbado, pero amigo, ya sabes lo que decía Tommy Dewar: “El mayor error que puedes cometer es vivir con miedo a cometer alguno”.

domingo, febrero 22, 2009

Negando a Sófocles

Ya ven. Uno no deja de sorprenderse a si pispo, que dirían Martes y Trece. Resulta que esta semana me he descubierto negando a Sófocles tres veces igual que San Pedro hizo con Cristo.

Les cuento: Iba yo tan contento por la calle con mi ejemplar de Edipo Rey bajo el brazo, porque aprovecho los trayectos de metro para leer como todo hijo de vecino... Bueno, más bien como toda hija de vecina, porque, en detrimento de mi género he de decir que en el metro la mayoría de lectores son de sexo femenino, o sea, lectoras, si exceptuamos, por supuesto a los lectores de periódicos deportivos o los diarios gratuítos, pero estos últimos no cuentan porque te los dan a la entrada y no tiene mérito leer algo que te regalan por la calle y que además siempre tiene a Shakira en la portada.

¿Por cierto, si el femenino de lectores es lectoras el masculino no debería ser lectoros? Si en la tele en vez de los que aparecen hubiera un tipo que se llamase Lectoro Matamoros seguro que leíamos más... De hecho no entiendo como apareciendo los que aparecen no leemos mucho más... ¡Oh dios mío! Estoy metido en un bucle de digresiones que puede acabar generando una paradoja espacio-temporal de consecuencias catastróficas. Solo existe una solución: ¡Rebobinemos! (sonido de rebobinado)

Les cuento: Iba yo tan contento por la calle con mi ejemplar de Edipo Rey bajo el brazo cuando me encontré con un conocido:

- Hola, ¿qué tal? - Dijo él.
- Bien ¿y tú?- Dije yo.
- Bien también- Respondió.

Entonces se hizo uno de esos silencios tan incómodos que en realidad quieren decir:

- Tío, no tengo nada que decirte porque hace un montón de tiempo que no te veo y ni siquiera me he acordado de ti ni un milisegundo desde la última vez que nos encontramos porque que tú y yo nos conozcamos es simplemente fruto del azar cósmico de este planeta sometido al caos, pero voy a darte cuartelillo porque así lo exigen las convenciones sociales para el buen funcionamiento de la especie aunque no tengo ni pajolera idea de sobre qué hablar contigo.

Después de unos segundos de mirar sin mirar a todas partes a él se le iluminó la bombilla de las conversaciones intrascendentes:

- ¿Qué lees? - Me preguntó.
- A Sófocles - Respondí, y en ese momento me “sofoclé” al pensar que el tipo me tomaría por un pedante intelectualoide del tres al cuarto que va luciendo tragedias griegas por la calle como quien lleva un bolso de marca con la etiqueta por fuera, así que reaccioné:
- Es que tengo que hacer un trabajo para la universidad... Sobre Edipo Rey... Estoy estudiando filología...
- Ah. - Dijo él- Bueno, hasta luego.

Nos despedimos y seguí mi camino con la conciencia malherida por haber renegado de mi mismo y de lo que leo, y todo por evitar que un tipo me tomara por un pedante intelectualoide del tres al cuarto. ¡Pero si me ha tomado por eso desde que nos conocimos!

Estaba yo sumido en esas cavilaciones cuando me sorprendió una voz conocida:
- ¡Chacheeeeeeeee! ¿Ande vas con tanta prisa? Vamos a tomar una cerveza...

Una oferta así, obviamente, no se puede rechazar y menos viniendo de un amigo de toda la vida. Bueno, pues en mitad de la conversación, en este caso no forzada, llegó la dichosa pregunta:

- ¿Qué es eso que lees?

Y, sin saber por qué la misma respuesta: - Es que tengo que hacer un trabajo para la universidad... Sobre Edipo Rey...

No entiendo mi reacción... Si mi amigo también me ha tomado siempre por un pedante intelectualoide del tres al cuarto ¿para qué fingir?

Y para rematar la jugada, en ese momento apareció en el bar un compañero de trabajo y con su discreción habitual soltó a voz en grito:

- ¡Andaaa, no sabía yo que los empollones bebían alcohol!
- Sí, para olvidar a tipos como tú- Respondí con un gesto aprendido en alguna película de Humphrey Bogart.
- ¿Qué lees?- Dijo cogiendo mi libro... y ¡adivinen qué respondí! Efectivamente:
- Es que tengo que hacer un trabajo para la universidad... Sobre Edipo Rey...
- Buaf - Soltó él- A mí si no hay acción y sexo...
- Hombre, teniendo en cuenta que esta historia trata sobre un tipo que mata a su padre y se acuesta con su madre estoy por recomendártela...

Y ahí termina mi historia de negaciones. Que dirán ustedes ¿y para qué nos suelta este rollo? ¿Qué sacamos nosotros de esto? Ustedes nada, pero yo necesitaba desahogarme al estilo de Confesiones con Carlos Carnicero y gritar a los cuatro vientos: ¡Sí, me gusta Sófocles! ¡Me gustan las tragedias griegas con su coro y todo! ¡Disfruto con Esquilo y Eurípides! ¡Viva Edipo! ¡Viva Antigona! ¡Y viva Prometeo encadenado!

Hala, ya está, que estas cosas si te las quedas dentro... luego pasa lo que pasa. Hasta la semana que viene.

sábado, febrero 14, 2009

Lo tuyo es puro teatro... o no

Dicen que los de Bilbao nacemos donde queremos... pues yo voy aún más allá... como soy de Begoña, que es más que ser simplemente de Bilbao, es el no va más... el sumum del bilbainismo... Bueno, eso, que como soy de Begoña no solo nací donde quise sino que también vivo en el día que a mí me da la gana, y aunque todos los calendarios digan que hoy es 15 de noviembre yo he decidido que hoy es 27 de septiembre. ¿Qué pasa? Si una estrella del rock puede pedir doscientas toallas rosas para su camerino, uno de Begoña puede decidir que hoy es 27 de septiembre sin despeinarse y echando un irrintzi a la par.

Y no se piensen que la elección del día es casual. Uno de Begoña no deja nada al azar salvo el destino del Athletic. He vuelto a ese día porque mis compañeros de la Bookería estuvieron hablando de Samuel Beckett y yo me quedé con ganas de meter baza.. Que como dice Arguiñano, soy como el perejil, me gusta estar en todas las salsas.

Pues sí, quiero hablar de Beckett, pero no del escritor irlandés que tenía la cara sin planchar. Quiero hablar de la sala de teatro que lleva su nombre: La sala Beckett de Barcelona. Sí, ya sé que no me corresponde, que yo soy el corresponsal en Euskadi, pero oigan, a veces uno también tiene que hablar de las cosas que pasan en los barrios de las afueras de Bilbao.

El caso es que la sala Beckett es una sala de teatro alternativo. Que lo de alternativo creo que viene de que como es tan pequeña en el espacio se alternan un espectador, un actor, un espectador, un actor... Bueno, vale, uno no puede estar siempre brillante... cuando cuente tres despertarán y olvidarán este último chiste... un, dos, tres, carabin bon ban.

Yo perdí una amiga en la sala Beckett. No físicamente, claro está, que en un espacio tan pequeño no se pierde ni el anillo de compromiso de David el Gnomo. Quiero decir que dejó de ser mi amiga allí. Solía acompañarme al teatro a menudo en mis visitas a Barcelona; yo aprovechaba para ver las obras en cartel y ella para siestear con la excusa de estar reflexionando el significado de la representación. Gracias a esta amiga descubrí lo excepcional de la acústica del Grec. No vean como resuena un ronquido desde la última fila en todo el teatro. Suerte que lo echó justo cuando Orestes invocaba a los dioses y pareció un efecto especial.

El caso es que desde que me acopañó a la sala Beckett a ver "Hamlet Máquina" se niega a volver al teatro conmigo. Resulta que cuando la muchacha estaba en fase Rem, o sea, con los párpados en huelga, el actor principal, que hasta el momento había estado 15 minutos de reloj susurrando frases inconexas, pego un berrido tal, que, además de regar de paluegos a las tres primeras filas, dejó a esta pobre con los ojos abiertos como platos para el resto de la función y un par de semanas más.

Yo soy un experto en teatro alternativo. Verán, hay cuatro clases:

Una es el teatro nudista, que yo no sé si es porque tienen poco presupuesto o porque les gusta enseñar el embutidillo, pero lo mismo te hacen una versión de Macbeth que de La violetera, eso sí, siempre en pelota picada.

Luego está el vegetariano, que son los que se dedican a partir sandías en el escenario: Ser o no ser... plastaaa!!! sandiazo contra el suelo... He ahí la cuestión... plastaaa!!!! otro sandiazo.

En tercer lugar está el de "encuentra los tres errores". Los de esta corriente te meten relojes de pulsera en una obra de romanos, deejays en un baile del siglo XVIII en el palacio de Versalles o señores de traje y corbata en la pasión de Cristo.

Y finalmente está Calixto Bieito que hace un megamix de todas las anteriores y te saca en el Rey Lear un señor en pelotas que parte sandías mientras dos se baten en duelo con sierras mecánicas y un deejay pincha chumba-chumba. Ya sé que es el niño mimado de la crítica pero qué quieren que les diga, a mí a veces me parece que este señor es al teatro lo que Luis Cobos a la música clásica.

Uy, esto también deberían olvidarlo a la de tres... o no, mejor vuelvo atrás en el tiempo y así repito la sección sin decir nada de esto. ¿Ven? Si los de Donde estás corazón fueran de Begoña cuantas demandas evitarían al sistema judicial...

Mieditooooo

Titutitutitutitutitutitu uuuuu. No le ocurre nada a su radiocasete. No intente ajustar el dial. Ahora somos nosotros quienes controlamos la transmisión. Controlamos el tono y el volumen. Podemos abrumarle con miles de emisoras o hacer que un simple sonido alcance una claridad cristalina, y aún más. Podemos hacer que oiga cualquier cosa que conciba nuestra imaginación. Durante los próximos dos minutos controlaremos todo lo que oiga. Está usted a punto de experimentar el asombro y el misterio que se extiende desde lo más profundo de la mente, hasta más allá del límite.

Ehhhh que nooo. Que como es el día de todos los santos hoy la cosa va de mieditoooo. ¿Sabían que hay escritores que han seguido escribiendo después de muertos? Pues sí, por ejemplo en Brasil, el medium Chico Xavier llegó a publicar cuatrocientas obras que le dictaron autores fallecidos. ¡Hasta una antología de poesía! Yo me imagino a los poetas haciendo cola en el más allá cada uno con su tiquet en la mano:
- A ver siguienteeee... número 57...
- Es el mío, apunte: "Verde que te quiero verde"... No, eso ya lo ha escrito otro... Espere que pienso...
- Venga, venga, dese prisa que me está parando la cola...

Esto sí que es el club de los poetas muertos y no los niños repipis de la película esa.

Pero más escalofriante es el caso del británico Matthew Manning. Aún estando él fuera de casa, en las paredes de su dormitorio aparecían nombres y frases cortas, supuestamente obra de distintos autores traspasados también... Y cada vez que se añadía una nueva inscripción, el señor Manning se encontraba sobre su cama un lapiz con la punta rota. Esto quiere decir tres cosas:

Uno, que en el más allá hay un tipo con una tienda de material de oficina que se está forrando, dos, que no vende sacapuntas y tres el brikindans.

Hay que dejar claro que el tal Manning tiene, además de un peinado que da más miedo que sus historias, una página web en la que vende libros y cedés de sus cosas místicas... ¿Tienen los fantasmas cuenta corriente?

Escritores de la talla de Victor Hugo, Conan Doyle, Lewis Carrol, Valle-Inclán o Becquer se interesaron por el tema espiritista en su momento. Allá por la segunda mitad del siglo XIX, cuando se puso de moda en todo el mundo con toda aquella parafernalia de mesas giratorias, golpes en las paredes y luces que se encendían y se apagaban.

Tanta fue la trascendencia del fenómeno paranormal que se pretendió que fuera materia de estudio universitario y se fundaron sociedades espiritistas en todas partes. La campeona la de Huesca, cuyo reglamento fue dictado a sus miembros ni más ni menos que por el alma de Cervantes. Pa' chulo mi cachirulo, di que sí.

Hala, les dejo que me voy a sentar boli en mano a esperar a ver si me posee el autor del Poema del mío Cid y me hace el trabajo de la universidad.

Titutitutitutitu uuuuuuh.

Patatas innobles

Con patatas terminé la semana pasada y con patatas empiezo hoy, porque se ha celebrado en Vitoria-Gasteiz el III Congreso Iberoamericano de la patata bajo el lema: La papa, un tesoro enterrado. Sorprendentemente no ha asistido el señor McKane, que al parecer anda ocupado intentando gobernar el mundo, pero quién sí nos ha deleitado con su presencia ha sido Pamela Anderson... Sí, yo también pensé lo mismo que ustedes, que Pamela Anderson pega más en un congreso sobre melones que sobre patatas, pero es que no se trataba de la vigilante de la playa, sino de la Directora General del Centro Internacional de la Papa, de Perú, que se llama igual que la actriz hinchable, pero que es una reputada investigadora de temas tan serios como reducir el hambre y la pobreza a través del cultivo de la patata.

Y mientras la señora Anderson y su equipo estudian cosas tan necesarias e importantes, otros científicos dedican su tiempo y sus subvenciones a descubrir, por ejemplo, que las ganancias de una bailarina de striptease dependen de su ciclo menstrual, o investigan el efecto de la respiración forzada por un solo agujero de la nariz sobre la capacidad cognitiva, o calculan la forma óptima de mojar una galleta.

Que no digo yo que no sean interesantes y útiles, pero me reconocerán que cuando menos son curiosos. Y por cierto, todos son reales y merecedores del Premio IG Nobel, que viene a ser como el que entrega la Academia sueca pero de risa. Médicos, físicos, químicos, economístas, escritores y toda clase de investigadores son galardonados cada año con el IG Nobel de turno.

Por cierto, un saludo desde aquí a los profesores de la Universidad de Barcelona que lo ganaron el año pasado, en el apartado de lingüística, por su estudio que demuestra que las ratas a veces no distinguen entre el japonés y el holandés cuando las personas hablan esas lenguas al revés. Y a Don Eduardo Segura, de Valls, ganador del premio en 2002, en el apartado de higiene, por inventar una lavadora automática de perros y gatos.

Lo bueno de estos premios es que, como son simpáticos, eximen a los intelectuales de turno de tener que empollarse deprisa y corriendo la obra y milagros de alguien de quien no han oído hablar en la vida, como ha pasado con Le Clezio. Yo me imagino a los académicos suecos reunidos, riéndose por lo bajinis y diciendo: Vamos a buscar uno que no conozcan, ya veréis que risa... venga, Wislawa Szimborska que encima es dificil de pronunciar.

Antes de despedirme no puedo dejar de mencionar mi premio IG Nobel favorito: Premio Ig Nobel de la paz 2007 al "Laboratorio de la Fuerza Aérea Patterson Wright, en Dayton (Ohio), que sopesó la posibilidad de fabricar una bomba gay, compuesta de feromonas, para provocar la homosexualidad en el enemigo y con ello minar la moral y la disciplina de las tropas." ¿Se imaginan al ejército talibán a ritmo del YMCA de los Village People?

martes, octubre 28, 2008

Una de piratas

(Tras una tertulia de la Bookería sobre piratas)

Ay piratones que para cuando llego yo ya habéis "abordado" los temas de los que voy a tratar. Es lo que tiene ser el grumete pelapatatas de esta embarcación. Pero bueno, haciendo uso de mi patente de corso me voy a permitir hacer un flashback radiofónico. Así que imaginen el efecto ese de blirublirubliru de las películas y volvamos hasta los primeros años de la década de los ochenta.

El primer pirata que se cruzó en mi camino fue sin duda el Pirata Garrapata, aunque recuerdo poco de él, porque yo por aquel entonces era más de Fray Perico y su borrico que vinieron de polizontes en el mismo barco de vapor que capitaneaba Garrapata. Gloriosa época en la que uno pensaba que Colesterol era un amigo del abuelo con el que andaba peleado y nos atiborrábamos, sin cargo de conciencia, a Bonys, Tigretones, Panteras Rosas, y cómo no, Bucaneros.

Después, ya con los primeros granos de acné y algún gallo que otro llegó Long John Silver y su isla del tesoro, en novela ilustrada y con aquel estribillo tan pegadizo de "Ron, ron, ron... la botella de ron" que corearíamos más de una vez cuando aún faltaban muchos años para que al botellón se le llamara botellón.

Por aquella misma época del bigotillo incipiente el heavy estaba en pleno apogeo y la emisión pirata tomaba las ondas de la radio al abordaje a ritmo de riffss y la canción de Espronceda en la versión "rockochentera" de Lancelot. ¡Cardados y hombreras forever!

Pero llegó un momento en el que hacer el molinete con la melena empezaba a suponer riesgo de contractura cervical y, además, el peinado empezaba a parecerse más al de los miembros de Baron Rojo que al de los Iron Maiden, por éxodo masivo y continuado de pelos. Y como le pasó a Sansón, cuando no hay pelo se pierde el gusto por la distorsión y los solos de guitarra de cuarto de hora.

Así apareció El pirata cojo con pata de palo, con parche en el ojo, con cara de malo de un tal Joaquín Sabina al que no sé por qué no le dan de una vez el Príncipe de Asturias de las letras. ¿No está todo el mundo de acuerdo en que las suyas son las mejores? Pues entonces...

Ya años después llegó la paridad a la piratería literaria con las lobas de mar de Zoé Valdes y en el ocaso de esta historia el cinematográfico Jack Sparrow vino, vió y pareció... que nunca antes había existido un pirata... Pues qué quieren que les diga... yo, aunque sea por llevar la contraria, me quedo con el John Wayne de "Piratas del mar caribe" y por supuesto con los "Goonies", esa obra maestra nunca suficientemente reconocida... igual que yo, que aquí me tienen estos, pelando patatas todo el dia.

Si la tele lo dice

(Tras una tertulia de la Bookería sobre planes de lectura)

Hombre, pues si se me permite meter baza en esto de los planes de lectura, yo tengo que confesar que hacer hago muchos, pero que no cumplo ninguno. Es lo que tiene ser inconstante de vocación. Y ya voy a lo mío que luego dicen que me meto dónde no me llaman. Sobre todo que conste que no es que yo sea de escuchar conversaciones ajenas, pero como la gente tiene la costumbre de hablar en voz alta en vez de usar la telepatía y yo tengo estas dos orejas como dos soles pues pasa lo que pasa…

Y no se crean, que muchas veces, tener los pabellones auditivos como la antena que usaba Jodie Foster en Contact te obliga a oír unas marcianadas que ríanse de cualquier señal proveniente del espacio exterior. Les aseguro que podría vivir tranquilamente sin haberme enterado en la cola del super de que a la del quinto le ha salido un golondrino sobaquero por culpa del sujetador de oferta que se compró para una boda o que el niño de los Gutierrez no come más que "filet mignon".

Pero de vez en cuando uno capta conversaciones que despiertan su atención. Ocurrió hace cosa de dos semanas. Dos mujeres de mediana edad mantenían la siguiente conversación:

-No puede ser.
-Que sí, que te digo que es verdad, que el castellano surgió en Valderredible
-¿En el pueblo de tu marido?
-Sí señora, en Valderredible, Cantabria. Para que lo sepas.
-No puede ser.
-Ya ves que si puede ser.¡ Lo ha dicho la tele!

Pues sí, ahora resulta que las lenguas nacen como los champiñones, así como por generación espontánea debajo de un roble. Pero dejemos esto de lado que no será este humilde tripitidor de primero de filología quien entre a polemizar con el Presidente de Cantabria y el profesor Caplan, que es un lingüísta con nombre de adivino de tele local.

Lo que realmente llamó mi atención fue que se le concediera tal credibilidad a la televisión. ¡Lo ha dicho la tele! Palabra de Dios, te alabamos señor. Da la sensación de que hemos avanzado poco desde la Edad Media, cuando los autores del Mester de Clerecía, justificaban la veracidad de los hechos que narraban diciendo que los habían encontrado escritos en otros textos. El “está escrito” de entonces equivaldría al “lo ha dicho la tele” de ahora. Eso explica que las gentes medievales creyeran a pies juntillas que algunos caballeros partían en dos a sus enemigos de un mandoble, que luchaban contra dragones o que se les aparecían todos los santos en persona. Y eso explica también que las gentes del siglo XXI creamos a pies juntillas lo que nos cuentan los informativos, los programas de investigación, los diarios de Patricias y Norias varias.

Si al final la culpa de todo no va a ser de Yoko Ono, sino de Gonzálo de Berceo. Un consejo: Hagan como Santo Tomás y de lo que vean y escuchen en los medios de comunicación piensen que la mitad puede ser metira y la otra mitad media verdad. Empezando, por supuesto, por esta sección.