La mirada atónita

de la sección del mismo nombre en el programa Punt de Llibre de Radio Barcelona
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domingo, marzo 18, 2007

Jóvenes talentos

Recuerdo haber visto en una película que el padre de Beethoven, cuando el músico era un crío, le daba capones si confesaba que tenía nueve años en vez de los seis o siete que él decía que tenía el pequeño genio. Y no es que el señor Bethooven senior tuviera vocación de madre de folklórica, pero se ve que los pequeños genios en la época estaban muy cotizados, y se ve que cuanto más pequeño, más genio y más cotizado.

Ya ven que en mil setecientos setentaypico se consideraba niño prodigio a los que escribían sinfonías y que doscientos años después bastaba con cantar eso de “la vida es una tómbola, tom, tom, tómbola”... pero bueno, esto no viene al caso.

A mí lo que me interesa es el tema biográfico. Es evidente que lo que uno vive, sobre todo en la infancia, determina la personalidad y condición. Muchos autores, como H. G. Welles, por ejemplo, se aficionaron a la literatura a consecuencia de largos periodos de convalecencia en cama durante sus primeros años de vida.

Pero también es notable que una biografía original ayuda a construir el mito del escritor y como dice mi peluquera “yo no quiero decir nada pero...” a mí aquello de la Rowling escribiendo Harry Potter en servilletas de bar... que quieren que les diga... no sé si me lo creo.

Luego, además de la biografía digamos “diferente” también juega un papel muy importante el azar, sobre todo a la hora de darse a conocer un nuevo talento, porque claro, ¿qué editorial va a hacer caso a un niño de 15 años con una novela debajo del brazo?

Tomemos el caso de Christopher Paolini, autor de la famosa obra fantástica Eragon. El muchacho fue educado por sus padres en casa, en un entorno natural rodeado de montañas, lejos de la vorágine de las grandes ciudades americanas y de las play stations. A los 15 años se dijo a si mismo “voy a escribir una novela”, y dicho y hecho... Se la enseñó a papá y mamá y decidieron publicarla por su cuenta... disfrazaron al niño de personaje medieval y hala, a presentar el libro por los Estados Unidos de América, el lugar dónde los sueños se hacen realidad o si no se los inventan. Pero claro, a pesar de las 135 presentaciones en poco más de un año la novela del muchacho no se comía ni un colín hasta que entra en juego el azar, ese maravilloso aliado de las películas de Disney.

Casualmente pasó por Montana con su caña de pescar y su hijastro, el columnista y escritor Carl Hiaasen, y fue precisamente el hijastro el que compró, devoró y habló de Eragon al señor Hiaasen quien, a su vez, leyó la obra y decidió que en vez de pescar peces iba a pescar un joven talento. Así que llevó el libro a su editorial y ¡Voila! Millones de ejemplares vendidos en todo el mundo.

3 Comments:

  • At 10:59 p. m., Anonymous Anónimo said…

    Sr. Blázquez cada día pienso de manera más firme que cuando usted habla sube el pan.
    Viva ese verbo florido y ese talento -ya no tan joven- pero intacto, rebelde y de un ingenio encomiable.
    No cambie nunca, siga usted así, deleitándonos con esa prosa repleta de maravillas que esperamos ansiosos/as cada semana.
    Un abrazo.
    Su club de fans

     
  • At 1:50 a. m., Blogger PIZARR said…

    Animo Carlos, sigue ferrocahndo esa imaginación. Me gusta todo lo que escribes.

    UN BESO DESDE BILBO

     
  • At 1:52 a. m., Blogger PIZARR said…

    OYE.......que yo había puesto derrochando .....no ferrocahndo.......jajajaja

     

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