La mirada atónita

de la sección del mismo nombre en el programa Punt de Llibre de Radio Barcelona
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sábado, enero 20, 2007

LA MÁQUINA DE RIMAR (o el amor)

Tengo dos problemas. Uno que estoy enamorado y dos que cuando me enamoro me vuelvo imbécil perdido. Además se trata de un amor no correspondido lo que le añade ese toque de culebrón venezolano que todo buen enamoramiento necesita. Bueno, en realidad, más que no correspondido es un amor no percibido. Porque la moza en cuestión lo único que tiene que estar viendo es que me paso los días yendo a su mesa de trabajo para preguntarle las cosas más inverosímiles con un tartamudeo que antes no tenía.

Sí amigos, uno de los primeros síntomas de que estoy infectado por el virus del amor es que se me hincha la lengua tanto que no me cabe en la boca y patina cada vez que me dirijo a ella. ¿Cómo voy a conquistar a una mujer preguntándole si tiene clips verdes y, además, pronunciando como si me hubiera comido un calcetín?

Esto es malo, pero hay otro síntoma peor; el síntoma definitivo, el que no deja lugar a dudas de que estoy colado hasta las trancas por ella: Me ha dado por escribir canciones de amor.

Heme aquí a mis treintaypico, guitarra en ristre, cual Andy y Lucas en un solo cuerpo, intentando escribir algo que rime con el nombre de la muchacha. Y no es fácil, se lo aseguro.
Afortunadamente la tecnología está de mi parte y he descubierto, navegando por la red, un programa informático para rimar. Se llama Rimar quasar, lo ha desarrollado un Argentino y al parecer lo utilizan muchos aficionados a la poesía y algún que otro rapero. El manejo no puede ser más sencillo: se introduce la palabra a rimar e inmediatamente aparecen tres listas; una de rimas consonantes y dos de asonantes.

Vamos a suponer que mi amada se llama Ana. Introducimos el nombre y descubrimos que existen 354 palabras que riman en consonante y unas cincomil en asonante. Así que, inevitablemente y para desgracia de la humanidad, en cinco minutos uno compone su canción y se queda tan ancho:

Ana, quiero ver por la mañana, tu cara de manzana. Tus pechos son de avellana y tu piel sabe a crema catalana. Oh Ana, nunca de ti tendré desgana. Eres dulce como una napolitana. Contigo estoy en el nirvana. Oh Ana, estás que rompes la pana.

No se rían que las canciones de Andrés Calamaro son del estilo y el tío vende millones de discos.
Bueno, ya ven, esto es lo que ocurre cuando mezclas un enamoramiento adolescente a los treintaypico con un programa informático para rimar. Por favor, no lo hagan en sus casa, las autoridades sanitarias advierten que este tipo de experimentos alteran seriamente el ecosistema.

Les dejo que me quedan 347 palabras por rima. Oh Ana...

4 Comments:

  • At 11:47 p. m., Blogger PIZARR said…

    jajajajajja........TAN SOLO ESO........

     
  • At 8:36 p. m., Anonymous Natalia said…

    Anda y se atreve a castigarnos poniéndole música a la rima y todo o peor aún, con gorgoritos incluidos. Y yo buscando en el cambio climático la respuesta a este temporal invernal que me ha hecho patinar esta mañana camino del curro. ¡Viva la propiedad INTELECTUAL!

     
  • At 9:57 p. m., Blogger PIZARR said…

    Veamos Carlos........que conste que cuando puse mi mensaje ........ jajajajajaj......no había escuchado la canción. Es que ni me di cuenta de que venía con música, la he escuchado ahora al leer el correo con tu mensaje.......no dejas de sorprenderme.......

    UN BESO

     
  • At 8:04 a. m., Anonymous Anónimo said…

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